"Feliz es el hombre que ha aprendido las causas de las cosas y ha puesto bajo sus pies todos sus temores"
No deberíamos tratar nuestro cuerpo y nuestra mente por separado.
La mente se expresa en nuestra postura y ésta tiene influencia sobre nuestra vida emocional.
Cuando estamos tristes y deprimidos por no estar contentos con nuestras vidas, esto se manifestará en nuestra postura. Caminamos de manera cabizbaja lo que bloquea la movilidad del cuello, la musculatura se sobrecarga y se endurece. De ahí los dolores de cabeza. El cuerpo inclinado hacia delante oprime los pulmones y otros órganos interiores y de este modo reduce sus funcionamientos óptimos. Las consecuencias son: pérdida de vitalidad, melancolía y trastornos digestivos.
También el estar sentado mucho tiempo delante del escritorio con la cabeza inclinada tiene por consecuencia que la musculatura del cuello se endurece y esto causa dolor de cabeza. Si no nos mantenemos rectos, no aprovechamos la capacidad pulmonar, oprimimos el estómago y sobrecargamos la columna vertebral. El malestar corporal influye en nuestro estado de ánimo, nos sentimos desanimados, irritados, incomprendidos y frustrados.
Durante el meditación o durante la práctica del Yoga pueden aflorar sentimientos y recuerdos olvidados y reprimidos desde hace mucho tiempo. Una conversación terapéutica tiene como meta asociar la vida emocional con los síntomas corporales y le puede ayudar a solucionar los problemas que tiene en su vida.
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